Ángel Ciego 12. Aventuras en el inframundo

Firmas, avatares, dibujos, fics y mucho más. Muéstranos el artista que llevas dentro.
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Izbet46
Terrícola
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Ángel Ciego 12. Aventuras en el inframundo

Mensaje por Izbet46 » Dom Nov 03, 2019 9:23 am

En el infierno Izbet estaba buscando a Piccolo, salió a hacer una ronda solo pero se había demorado mucho, llegó a un sector donde escuchó sonidos inconfundibles, se rio para sí, otra pareja haciendo el amor, se fue a retirar cuando sintió en ese mismo lugar el ki débil del namek, buscó hasta que lo vio con otra mujer, ambos desnudos, ella saltando sobre él, gimiendo a todo pulmón.

— NO QUIERO VOLVER A VERTE — hizo aparece sus alas negras, y se fue volando.

Ahora que lo pensó durante meses el hombre de piel verde había estado raro, a veces volvía muy tarde de la vigilancia cuando iba solo, al preguntarle nunca sabía explicar porque se había demorado dos horas más de lo normal, y llegaba con un olor distinto... era la misma mujer que vio cuando iban juntos a hacer las rondas, alta, piel muy clara, pelo café largo hasta los tobillos, ella los miraba de forma extraña, incluso se lo comentó al namek, quien no le dio mayor importancia. En ese momento todo le cuadra, ÉL TIENE UNA AMANTE.

Bajó cerca de la laguna de sangre, atrás de ella llegó su pareja agitada, solo llevaba puestos los pantalones.

— No es lo que piensas... — dijo nervioso.

— No me salgas con esa, no soy idiota, sé perfectamente lo que vi — lo miró con odio.

— Debes creerme... no es...

— ¡¡¡¡ACASO NO TE VI HACIENDO EL AMOR CON OTRA MUJER...!!!! — sus alas se desplegaron agresivamente — nada nos ata, si te enamoraste de nuevo, con que me hubieras dicho... yo no me interpondré... ¿Por qué tuviste que engañarme de esa manera?

— No estoy enamorado de ella... ni siquiera la c...

— ¿Entonces es solo por calentura...? ¿Cuánto tiempo llevan juntos? ¿Quién más lo sabe?

— Deja explicarte que pasó...

— No quiero que me hables de nuevo, no me busques — lo miró conteniendo las lágrimas — PREFERIRÍA NO HABER RECUPERADO LA VISTA, PARA NO HABERTE VISTO ASÍ — se movió tan rápido que desaparece de la vista del namek, al mismo tiempo que escondió su presencia.

— ¡¡¡IZBET !!! — su ki explotó formando un gran cráter.

La buscó por todos lados, mientras ella caminaba sin rumbo fijo, iba tan distraída que no se daba cuenta de nada, trataba de no llorar, pero igual se le escapaban algunas lágrimas rebeldes, en ese estado chocó con un hombre tan alto como Piccolo, pelo blanco corto, ojos y piel oscura, de mediana edad.

— ¿Está bien? — le consultó el desconocido.

— Sí, disculpe, no me fije por donde iba.

— ¿Le pasa algo? — insistió el hombre.

— Nada importante.

— Si quiere hablar tengo tiempo.

— No es necesario, prefiero estar sola.

— Como quiera dama, si cambia de parecer estoy quedándome un tiempo en esa cueva, por si necesita conversar, o ayuda.

— Gracias.

Cuando por fin se sentó, luego de horas de caminar, frente a ella apareció la mujer del cabello largo.

— Hola — la saludo temerosa que la del mechón blanco pudiera atacarla.

— ¿Qué quieres? — la medio demonio se contenía para no golpearla, ella no era quién la traicionó sino el namek, pero las ganas estaban.

— Soy Briseida... quería hablar contigo ¿Puedo?

— ¿Qué quieres?

— No te molestes con él, te quiere mucho, son muchos años juntos, pero los sentimientos cambian, a pesar de eso no quiere dejarte, aunque ya no te ama.

— Si es así, lo nuestro termino para siempre.

— Que bueno que entiendas, quiero estar con él sin tener que ocultarnos, por favor, no lo mantengas a tu lado por egoísmo, déjalo ser feliz conmigo.

— No tenías que decirme eso para conseguirlo, no pienso seguir con él — la miro sin emociones — no te preocupes, no les haré nada a ninguno de los dos.

— Gracias, nos amamos de verdad, te lo aseguro. Él tenía miedo a tu reacción.

— Pensé que me conocía mejor. Por favor déjame sola, y no vuelvas a acercarte a mí.

La mujer se retiró rápidamente.

A los minutos él logró encontrarla, pero ya ella estaba furiosa con todo lo que la dijo la otra.

— Necesitamos hablar — dijo él serio.

— Ya no, esa mujer acaba de conversar conmigo... tu amante.

— No es mi amante...

— Claro que ya no lo será, ahora tú y ella pueden formalizar su relación, lo nuestro terminó, por favor vete.

— Pero...

— Si tú no te vas me voy yo...

— Espera — la tomó del brazo.

— Si no me sueltas no respondo de mí — dijo con frialdad en la voz.

— ¿Me atacarías?

— No me provoques más — seguía conteniéndose para no llorar — no es necesario seguir conmigo por costumbre — se soltó de la mano del namek.

— ¿Qué te dijo esa mujer?

— Lo que tú no fuiste capaz.

— PERO DÉJAME HABLAR.

— Entiende que no quiero ni escuchar tu voz. Si me sigues te juro que usare todo mi poder, tal vez no te haga un gran daño, pero te dolerá si te arrancó una pierna, un brazo... o... — miro su entrepierna — solo sigue con tu "nuevo amor", ME DAS ASCO — se alejo caminando lo más rápido que pueo de él para que no viera sus lágrimas.

— ESPERA — de nuevo ella se escondió, y desapareció su energía, está vez por más que la busco no logra encontrarla, al tercer día decidio pedir ayuda a Shin, que estaba en la Tierra con Lilith, en casa de Yun y Bet.

— Qué lindo niño — la pelirroja le revolvió el cabello, éste le devolvió una mirada seria.

— Tiene la misma expresión de su abuelo desde bebé — explico sonriendo la madre.

Mientras, el dios tenía acomodada a sus pies una perrita que Bet recogió de la calle, estaba preñada, luego de nacer y encontrarles un buen hogar a cada cachorro, no consiguió quien quisiera a la madre por ser adulta y de raza grande, así que se quedó con ella.

— Es una gran guardiana, y muy tierna con mi niño.

— ¿Cómo se llama?

— Fifi — dijo — jajaja — rió al ver la cara de sorpresa del dios.

— Con ese tamaño pensé que sería algo más fiero.

— Él le puso el nombre — apuntó a su hijo.

En eso sintió su nombre en su mente.

— ¿Quién me llama? — miró a todos lados confundido.

— Soy Piccolo, necesito que vengas, es por Izbet.

— Ya voy — respondió Shin.

— ¿Qué pasa? — preguntó Yun al escucharlo.

— Es tu padre — hacia el dueño de casa — algo le pasa a tu madre, debo ir.

— Por favor llévame.

— No debo ir con nadie vivo al infierno.

— Son mis padres, quiero ayudarlos.

— Las reglas me lo prohíben.
— Yo no soy una Kaio, lo llevaré — se ofreció Lilith.

— Tú tampoco debes trasladarlo ni ir al infierno.

— Intenta detenerme — ella lo miró traviesamente.

— Vamos todos — terminó rindiéndose.

— Cariño, por favor avísale a tu mamá lo que pasa, que me reemplace en la oficina, no sé cuánto demore.

— Le diré amor, cuídate — se despidió de beso con su esposo.

— Cuida a mamá, obedécela en todo — le da la mano a su hijo, que lo mira con el seño fruncido.

— Sí papá — respondió y se puso al lado de su madre.

Cuando llegaron al infierno.

— ¿Por qué trajiste a Yun y Lilith? — nervioso.

— Estábamos juntos cuando me llamó — preocupado por su expresión — ¿Qué pasa?

— Es que pasó algo — dudo si hablar, pero al final siguió — Izbet se molestó y se ocultó, me costó mucho encontrarla, no me dejó hablar y de nuevo se escondió, hace días que la buscó, pero nadie la ha visto, no quiere volver a verme, pero necesito que me escuche para aclarar el malentendido, por eso quería pedirte tu ayuda — le dijo al dios.

— ¿Qué pasó exactamente papá? Mamá tiene su carácter pero esto no parece una pelea normal — el namek no quería responder.

—¿Te vio... con otra mujer? — preguntó Lilith que desde que llegaron lo mira fijamente.

— ¡¡¡¿¿¿COMO???!!! — dijo incrédulos los otros varones.

— Está a torso desnudo — explicó a la mirada de pregunta de todos — hay lápiz labial en su cuello, mejilla y labios, Izbet no usa maquillaje, además apesta a perfume barato que ella no usa — los hombres la miraron asombrados — es cosa de ser observadora nada más. No creo que todo eso sea por haber luchado con alguien.

— Algo así pasó — confirmó complicado el hombre verde.

— Cómo pudiste papá — lo recimino molesto Yun.

— Al diablo, al menos ustedes déjenme hablar — respondió molesto Piccolo.

— Qué explicación puedes dar — lo encaró su hijo.

— No sé quién es ella, de pronto sentí a alguien sobre mí, cuando abrí los ojos vi a una mujer, ambos estábamos desnudos, ella gemía sobre mi estómago simulando que teníamos sexo, en ese momento al fondo aparece Izbet, tan pálida que parecía un fantasma, me grita que no quiere verme más, y sale corriendo.

Sintió gemidos que le llegaban entre la bruma de la inconsciencia, le costó abrir los ojos, vio a una mujer sobre él, se dio cuenta que ambos estaban desnudos, cuando logró enfocar bien la vista, ve aparecer a su pareja, quien le gritó algo, desplegó sus alas y se fue.

— ¿QUE DEMONIOS? — se levantó el guerrero verde dejando caer a un costado a la extraña — ¿QUIEN ERES?

— Eso no importa, mejor sigue a tu mujer, creo que no le gusto vernos así — le dijo la desconocida.

El namek tomó sus pantalones y la faja, se los puso y voló para poder alcanzar a Izbet.

— No pretendes que te creamos algo así.

— Es lo que ocurrió.

— ¿Dices la verdad? — se le acercó Lilith y lo quedó mirando fijamente.

— Sí — el guerrero de piel verde le sostuvo la mirada.

— Iré a conversar con ella, ustedes quédense acá. No quiere verte, solo la harás enojar más si insistes con ella — le dijo al namek — y si va Yun... mejor ni hablar.

— Él intentó encontrarla por días ¿Cómo lo harás tú? — se extraño Shin.

— Ambas somos de la misma raza — le guiño un ojo — sé que la encontraré. Espérenme, y por favor arréglate — le dijo a Piccolo.

Ese tiempo la medio ángel se escondió cerca de donde estaba el tipo de pelo blanco, con quien había conversado su situación.

— ¿Y si en vez de esconderte vienes conmigo? Voy a volver a mi tierra, allá soy el gobernante, puedes ser mi invitada — le sugirió el desconocido.

— Tal vez sea lo mejor — dijo meditando la del mechón blanco — así no tendré que verlos juntos a cada rato.

— Acepta y nos vamos enseguida — dijo el hombre, su risa era extraña, pero ella preocupada no se dio cuenta.

Los encontró Lilith .

— Hola — a la pelirroja no le gustaba la mirada del tipo que estaba conversando con la medio demonio.

— ¿Qué haces aquí?... entiendo... — Izbet miró al suelo, y al hablar marcó cada sílaba — porque no deja las cosas en paz, y sigue su historia de amor con Briseida — terminó con tono irónico.

— ¿Puedes dejarnos solas? — le pidió la recién llegado al hombre de pelo blanco.

— Solo si mi amiga quiere — dijo desafiante.

— Sí, por favor — cuando quedaron solas, estalla — ¿QUÉ QUIERES?

— Ahora estás más ciega que cuando no podías ver.

— ¿A qué te refieres?

— Conozco poco a Piccolo, pero hoy cuando me dijo lo que ocurrió, sentí que decía la verdad, y tú que has pasado tanto juntos no le crees.

— Esa mujer me dijo todo lo que necesito saber.

— ¿Le crees más a una extraña que con quien has compartido tu vida y tu muerte? Nunca antes él te ha mentido ¿Verdad? — la miró inquisitiva — ¿Por qué lo haría ahora?

— Es que lo que vi...

— Los ojos pueden ser engañados, antes usabas todos tus sentidos... ¿De verdad crees que te haría algo así?

— No... pero... — ahora no estaba tan segura a pesar de lo que vio, pero no quería dar su brazo a torcer.

— Si no le das siquiera la oportunidad de explicarse, de que valieron todos estos años junto a él.

— ¿Y qué mentira me dirá para justificarse? — dijo furiosa al recordar la escena.

— Despertó en el momento que los viste, no sabe que pasó ni porque estaba allí, no tuvieron sexo, ella estaba sobre su estómago.

— Siquiera se hubiera esforzado en inventar algo mejor, como piensa que le creeré algo así... — le dijo desesperada — solo quiero tranquilidad.

— Yo si le creo, eres una tonta, si sigues así perderás el amor verdadero — se fue.

Izbet cerró los ojos, por primera vez desde lo que vio a su pareja con otra visualiza con calma los segundos que ha querido olvidar... retumban en sus oídos los gemidos de ella... ¿Y los de él...? nunca lo escuchó... su ki estaba bajo, le costó encontrarlo por eso, en cambio cuando ellos hacen el amor su energía esta siempre alta ¿Por el ángulo y el cabello de la mujer, podría haberle hecho lo que dijo el namek y simular que estaban haciendo el amor? ¿Será verdad lo que dijo su pareja que pasó? ¿Y todas las otras cosas que ocurrieron, como podrá explicarlas? Si ella simuló todo ¿Por qué lo hizo?

— ¿Estás bien? — preguntó el desconocido que se acercó al ver que estaba sola.

— Sí... gracias por todo, debo ir a buscar a esa tal Briseida para tener una larga conversación con ella y Piccolo, los tres juntos.

— Que pena... quería hacer esto por las buenas.

— ¿Qué quieres decir?

De atrás de ellos salió la mujer del pelo largo, puso en la frente de la otra mujer de pelo corto su mano, la mitad demonio cayó inconsciente, él la tomó en brazos.

— ¿Cuáles son sus órdenes ahora, mi Señor?

— Volvamos a casa — entraron en la cueva, y desaparecieron.

Mientras esto pasaba Lilith se reunía con los demás.

— Lo siento, es muy testaruda, pero sé que la hice pensar, creo que muy pronto sabremos de ella.

— ¿Tampoco ha encontrado a la otra mujer? — le preguntó al guerrero.

— No, creo que un par de veces la vimos con Izbet cuando vigilábamos. Ella una vez me dijo que una mujer nos miraba extraño, pero no le di importancia.

— ¿No será que está enamorada de ti y planeó esto para separarlos? — conjeturo su hijo.

En eso llegaron corriendo dos ogros.

— Piccolo apúrate, se llevaron a tu mujer — dijo Mez.

— ¿Qué pasó? — pregunto Yun.

— Ella estaba conversando con un... — tuvo que descansar Goz porque le faltaba el aire — hombre de pelo blanco, algo le dijo, entonces una mujer de cabello muy largo le puso la mano en la cabeza y se cayó, el tipo la tomó en brazos, caminaron hacia una cueva pero al entrar los tres desaparecieron junto con la caverna.

— Llévennos allá — pidió Shin.

Cuando estuvieron allí revisaron todo el lugar.

— No recuerdo haber visto nunca una caverna aquí — explico el namek.

— Yo converse con ella cerca de aquí, donde el tipo alto estaba — puntualizó Lilith.

— Está era la entrada al Olimpo — dijo Shin luego de mirar fijamente el lugar.

— ¿Cómo? — preguntó la pelirroja.

— Hace tiempo los espíritus de los muertos del Olimpo pasaban para acá, y viceversa, hubo muchos problemas por eso, así que Zeus, el Rey de ese lugar, y Zeno Sama sellaron está pasada — pensativo — ¿Cómo era el hombre y la mujer que estaban con Izbet?

— Era alto, delgado, pelo corto claro, ojos oscuros — respondió el ogro de piel roja.

— Ella alta, pelo café muy largo, ojos también cafés — complemento el de azul.

— ¿La mujer que estuvo con usted? — pregunto Shin a Piccolo.

— Sí, ella es así.

— Vamos al Olimpo entonces — propuso el dios.

— Por favor, vuelve al Planeta Sagrado — le pidió Kaio Shin a la pelirroja.

— Iré con ustedes, tengo una amiga allá que nos puede dar información — sugirió Lilith.

— ¿Conoces ese lugar? — se extrañó su pareja.

— Sí, recorrí mucho para encontrar a Supay.

— ¿No recuerdan algo más? — preguntó el namek a los ogros.

— Vi un símbolo en una parte de la ropa de él — Gez lo dibujó en el suelo.

— Creo que vi en... — sonrojado — una parte del cuerpo de la mujer algo parecido — explico el guerrero de piel verde.

— Vamos todos entonces — se teletransportaron.

Cuando llegaron al Olimpo, fueron con Psique, la esposa de Eros, el dios del amor, ella era de pelo rubio hasta la cintura, ojos oscuros, piel blanca como la leche.

— Pero que sorpresa ¿Cómo te fue en tu búsqueda? — saludo la diosa a la pelirroja.

— Bien.

— ¿Encontraste a tu novio entonces?

— Si, pero eso ya termino. Te presento a Kaio Shin... mi... — vacilo.

— Soy su... pareja — todavía no habían formalizado nada entre los dos.

— Un gusto — saludo la habitante del Olimpo.

— Ellos son Piccolo y su hijo Yun.

— Un placer conocerlos.

— Necesitamos un favor, buscamos a alguien que vive acá, pero no sabemos su nombre — explicó la pelirroja a su amiga.

— Que me pueden decir para ayudarlos — preguntó la rubia.

— Es alto, delgado, pelo blanco corto, ojos y piel oscura — explicó Shin.

— Creo saber quién es ¿Por qué lo buscan?

— Por ahora no podemos decirlo — remarcó el namek.

— Confía en mí, es para ayudar a una amiga — le explicó Lilith.

— Está bien, pueden decirme algo más de ese hombre que buscan — preguntó luego que pensó un rato.

— Anda con una mujer alta, delgada, de cabello casi hasta el piso, café — la describió Piccolo.

— Se llama Briseida — recordó la demonio.

— Ella es sirviente de Hades — pensó en voz alta la dueña de casa..

— Este símbolo estaba en la ropa del hombre — Yun lo dibujo.

— Es el del dios del inframundo, Hades , y él es como lo describieron.

— Entonces es definitivamente a quien buscamos ¿Cómo lo encontramos? — preguntó serio el hombre de piel verde.

— Debes cruzar el río Estigia, sólo Caronte puede llevarte en su barca, al llegar a la orilla encontrarás a Cancerbero, el perro guardián de tres cabezas, quien se encarga de que los espíritus de los muertos entren y no puedan salir, también evita que ninguna persona viva ingrese al inframundo. Cuando lo pases llegarás al Tártaro, donde están las almas impuras que no dejan que nadie siga a los Campos Elíseos, donde están los héroes, luego de todo eso recién encontrarás su Palacio.

—Iré solo, esperame aquí — le dijo a su hijo.

— Espera, lleva una moneda, es el pago para el barquero sino no te cruzará. Los demás tendrán que quedarse acá — le explicó Psique.

— Iré con mi padre ¿Tiene otra moneda para mí? — sonrió el joven — se me quedó el monedero en el otro pantalón.

— No irás, es muy peligroso — le ordenó su padre.

— Y estás vivo — puntualizó la rubia.

— No se preocupen. Como sea haré que me deje pasar — hacía su padre — no te dejare solo en esta situación ¿Y si voy volando? — preguntó a la dueña de casa.

— Solo Caronte sabe pasar entre la niebla, sino puedes volar por semanas y nunca llegar a la otra orilla.

Algo apartados Shin conversaba con Lilith.

— ¿Quieres ir también? ¿Verdad? — la pelirroja estaba segura que sí.

— Sí, pero eso no quiere decir que todavía la ame...

— Tranquilo, te entiendo — bajo la voz — gracias por contarme toda tu historia con Izbet, ve con ellos, suerte — le dio un beso.

— Seremos tres — dijo acercándose al grupo.

— Es muy peligroso, si logran que el barquero los lleve, tendrán que enfrentarse a Cancerbero, y los seres que están en el Tántalo, ellos quieren que todos se queden allí y no lleguen a los Campos Elíseos.

— No se preocupe por eso, llegaremos al Palacio — afirmó Piccolo.

— ¿Te quedas amiga? Quiero que me cuentes todo lo que hiciste luego de irte — sonrió Psique.

— Bueno, cuídense — Lilith le dio un beso de despedida a Shin.

— Sirviente, llévalos a la entrada del infierno — al grupo — tengan las monedas de oro, espero los dejen pasar — dijo a modo de despedida la rubia.

— Gracias por su ayuda — dijo Piccolo, luego el grupo se fue.

— Ahora cuéntame que está pasando en realidad — dijo seria Psique a su amiga.

Mientras en el Palacio de Hades.

— Hermana ¿Qué hiciste? — pregunto preocupado Adelphos a Briseida, su hermana mayor.

— ¿Por qué lo preguntas? — consultó nerviosa.

— Vi en su mente — el niño apuntó a Izbet que estaba dormida — que estabas con un tipo... haciendo...

— No es lo que piensas, solo fue un truco para que creyera que ese hombre la engañaba. No pasó nada entre nosotros.

Durante meses Briseida se acercó a Piccolo con una excusa u otra cuando salía solo, le tocaba la frente para dormirlo un par de horas, le rociaba un poco de su perfume, cuando lo despertaba, ella se escondía, el namek no tenía idea que había pasado y se iba como si nada.

El día que Izbet los vio juntos, ella lo hizo dormir y lo desvistió, lo manchó con lápiz labial, espero que la medio demonio estuviera cerca buscándolo, se sacó la ropa, se subió sobre él y simuló que estaban teniendo sexo, entonces despertó a Piccolo.

— Por favor no le hagas caso a Hades. Por sus alas negras pensé que era otro demonio que se había vuelto contra los planes que le tenía el amo, pero no es así, es una buena persona, no merece el destino que le tiene reservado — la miró tiernamente el niño — se parece a mamá.

— Si no hago lo que dice, te mandará al Tántalo... no pude proteger a nuestra madre... no dejaré que pase de nuevo. Le prometí cuidarte.

— Odio ser débil — dijo con rabia el niño.

— Tranquilo — le dijo a a su hermano — el amo prometió que luego de esto te dejará ir a los Campos Elíseos.

— ¿Y le crees...?

— ¿Qué más puedo hacer?

— Despiértala, todavía no he podido sustituir sus recuerdos.

— El amo quiere que lo hagas antes que se celebre la ceremonia.

— No sé si pueda, ella tiene una mente poderosa.

— Sigue intentándolo, debes lograrlo.

Mientras en el río Estigia.

— Hasta acá puedo llegar — se despidió y volvió a la casa de Eros.

— Gracias — agradeció el mas joven de los los tres, se acercaron a un embarcadero.

— ¿Cómo llamamos al barquero? Hay que tocar un timbre o tirar alguna cuerda — miro para todos lados Yun.

Una voz salió de un banco de niebla frente a ellos.

— Acá estoy — les dijo Caronte, un ser oscuro, vestido con una túnica negra y una capucha que le cubre la cabeza, solo se veían dos pequeños reflejos, que se suponía debían ser sus ojos — veo que hay que trasladar a uno ¿Traes el pago?

— Aquí está mi moneda — se la entrego Piccolo — pero vamos los tres.

— Transportó solamente a los muertos.

— Que debemos hacer para que pasemos todos — dijo serio Yun.

— El que está muerto no tiene problemas, los otros... ¿Qué me ofrecen para que los lleve a la otra orilla?

— Una moneda de oro — mostró Kaio Shin.

— Es poco.

El hijo de Izbet le pasó la suya.

— ¿Y tú? — preguntó confundido el dios.

— Tranquilo, tengo una idea.

— ¿Y dos monedas? — mostró el dios.

— Me parece un buen precio, puedes subir ¿Y tú?

— ¿Te parece esto? — le ofreció su anillo de matrimonio.

— De acuerdo — al barquero le brillaron los ojos de codicia.

— Pero... — quería detenerlo su padre.

— No importa, es por mamá.

Subieron, lenta y silenciosamente los llevo Caronte por el río, pero a medio camino se detuvo.

— ¿Qué pasa? — preguntó Kaio Shin.

— Denme todo el oro que llevan o los arrojare de la barca, quedarán en el río con las almas que no pudieron pagar hasta el fin de los tiempos — para demostrar que no bromeaba, tomo al dios y lo tiro del barco. Por suerte Yun logro subirlo antes que las almas lo sumerjieran, mientras Piccolo se enfrento con el barquero, luego de una pequeña lucha, el namek lo puso sobre su cabeza, y amenazó con tirarlo al río — sí lo haces no podrán pasar.

— Me arriesgaré — Piccolo tomó impulso para que cayera lo más lejos posible de ellos.

— Espera, si me bajas los llevare, sin trucos, lo prometo.

— Además devolverás el anillo de mi hijo.

— No — apretó su botín contra su pecho.

El namek lo tiró, pero en el último momento lo tomó de la mano, lo dejó colgando sobre el agua, mientras los espíritus que estaban en el río lo tomaban de los pies para hundirlo.

— ¿Decías? —preguntó el hombre de piel verde.

— Sí, lo devolveré y los dejare en la entrada del Tártaro. Pero súbeme — dijo asustado el barquero.

— Para asegurarme que no quieras cambiar el trato me quedaré a tu lado lo que queda del viaje.

Por fin llegaron a la otra orilla.

— Antes de irte pásame la argolla.

— Acá tienes — se alejó en su barca — cuando Cancerbero acabe con ustedes recuperaré lo que es mío de entre sus despojos.

— ¿Dónde estará? — preguntó Yun mientras se ponía el anillo.

Como si lo hubiera invocado, se escuchó un fuerte ruido de pisadas y unos gruñidos espantosos, apareció un perro enorme con tres cabezas, levantado en sus patas traseras es más alto que Piccolo.

— ¿Alguien trajo algún hueso del almuerzo para este perrito? — el joven no le quitó la vista al animal.

— Deja de bromear — se puso en guardia el padre de Yun — eres igual que tu madre.

El animal pareció estar analizándolos, al terminar se dirigió hacia Kaio Shin, pero el muchacho se puso frente al dios, y fue a él a quien golpeó el can, al caer un extraño sonido se sintió que atrajo enseguida la atención del animal que corrió hacia el caído.

— ¡¡¡Yun!!! — su padre iba a ayudarlo, pero no fue necesario.

— Déjame, me estás babeando la ropa — las cabezas del perro olfateaban el bolsillo de la camiseta del joven.

— ¿¡Estás bien!? — pregunto Shin.

— Sí, parece que estuviera buscando algo... ya sé — saco un juguete para perro — quieres esto perrito... perritos... vayan a buscarlo — era un filete de plástico, lo hizo sonar y lo tiro, el animal corrió tras él.

— ¿Y eso? — le consultó su padre.

— Es algo que le compre a la perrita de la casa — Cancerbero llegó con el juguete, lo dejo a los pies del joven que le acariciaba las cabezas — ¿Quién es un lindo perrito...? Te lo lanzó por última vez, debemos seguir... — los ladridos lo dejaron casi sordo — está bien, déjanos pasar...

Rápidamente siguieron a tierra adentro, volando, pero la oscuridad, la neblina y lo bajo del techo de piedra los obligó a continuar caminando, apenas pusieron pie en tierra las almas de los impíos los atacaron.

Piccolo usó varios Makenkosappo, Kaio Shin reunió energía en sus manos, las unió y la lanzó, Yun uso su ataque más poderoso, Inferno, concentraba su ki en la palma de su mano, y la expulsaba en un rayo negro, bastante grueso.

— Ellos no usan su ki para atacar, solo su fuerza — analizó el joven.

— Pero si seguimos con estos ataques nos agotaremos muy rápido, debemos luchar cuerpo a cuerpo — ordenó el namek.

Pero son tantos que los rodearon rápidamente, en ese momento una gran telaraña tomó a cada uno y los subió a una cueva en el techo, allí había un ser que de la cintura para arriba era una joven mujer de pelo negro, pero para abajo tenía un abdomen gigante y patas de araña.

— ¡¡¡ARACNE!!! — grito nervioso Kaio Shin.

— Hola cariño, tanto sin verte — se le acercó melosamente al dios.

— ¿Cómo estás? — trato de sacarse la telaraña y alejarse de la mujer — es que luego que sellaron la entrada...

— Tranquilo, lo importante es que viniste por mí... — se le volvió a acercar seductora.

— En realidad buscamos a una amiga — se explicó.

— ¿Especial? — la mitad araña parecía molesta.

— Es la mujer de mi amigo — apuntó al namek.

— Hummm... qué manera de decepcionarla a una... pero lo que importa es que te tengo a mi lado de nuevo.

—Es que ahora yo... — se sonrojo, y sonrío nervioso.

— Tiene novia — dijo de sopetón Piccolo impaciente.

— QUE... – fingió estar furiosa — así que me ganaron, bueno, que le haremos — se le acercó sonriente — si lo de ustedes no funciona acuérdate de mí.

— ¿Puedes ayudarnos a llegar al Palacio de Hades ? — preguntó el joven.

— Los llevaré, están acostumbrados a verme caminar por el techo.

Padre e hijo iban acomodados en el abdomen, pero ella llevaba al dios abrazado.

— Mejor voy con mis amigos — dijo avergonzado Kaio Shin.

— No hay espacio, acá estás más cómodo.

Luego de varias horas en que pasaron sobre el Tántalo y los Campos Elíseos, vieron por fin el Palacio.

— Hasta aquí me está permitido llegar, tengo prohibido pasar más allá.

— Gracias por tu ayuda — le dijo sinceramente Yun.

— De nada — dirigiéndose al joven dios — promete que, si vuelves a estar soltero, me darás una oportunidad — le tiró un beso y se devolvió.

Volaron con cuidado para que no los vieran, bajaron cerca del Palacio, vigilaron un rato, en eso pasó cerca Briseida, el medio namek la tomó por la espalda, le tapó la boca y la llevó donde estaban los otros.

— ¿Si te suelto prometes no gritar? — le dijo Yun, ella asintió.

— ¿Cómo llegaste? — dirigiéndose al namek.

— ¿Dónde está Izbet? — preguntó tomandola del brazo.

— Dentro del castillo, ya está casi todo listo para que se case con Hades.

— ¡¡¡Casarse!!! — gritaron los tres.

— Sí, es mejor que se vayan, no pueden hacer nada por ella.

— ¿Por eso le hiciste creer que eras mi amante? — la miró fijamente.

— Si no lo hacía mandaría a mi hermanito al Tántalo. El amo quería traerla, estaba seguro de conquistarla, se cree irresistible, por eso la separé de ti, pero luego que la pelirroja conversó con ella entró en dudas, por eso tuve que dormirla para que le reemplazarán la memoria, ahora todos ustedes son desconocidos para tu mujer.

— ¿En qué parte del castillo está? — consultó Yun.

— En la sala principal, tendré que despertarla en un rato más.

— Llévanos — ordenó Piccolo.

— Si el amo nos encuentra nos desaparecerá.

— L L E V A N O S — dijo de nuevo el namek sin posibilidad de replica.

Pasaron por varios pasillos que hasta el momento estaban desiertos, llegaron a un lugar grande, de techos altos, en un sector había una urna, dentro estaba Izbet, con un vestido blanco, se acercaron a ella.

— Que maleducados, llegan a una boda sin ser invitados — apareció desde un rincón el dueño de casa.

— Libérala ahora — dijo marcando las sílabas Piccolo.

— Jajaja... oblígame — aparecieron diez de sus servidores más fuertes para ayudarle.

El dios del infierno les atacó confiado en su poderío y creyendo que a la primera los derrotaría, pero el namek se defendió con un makankosappo, y logró tirar al ser supremo contra la pared, que contraatacó con la ayuda de sus sirvientes, los tres cayeron malheridos en medio del salón.

— No pueden derrotarme, soy el dios de los muertos — se acerco a ellos, les tocó la frente y sonrió triunfante — que grupo tan especial... tú eres su hijo, quien la quiere tanto... — risa — por eso creíste lo que te dijeron de ella, la trataste de mentirosa y la dejaste morir sola — los remordimientos volvieron a atacar al joven, por un rato se sumió en sus recuerdos — y tú, el amable Kaio Shin, siempre ayudando a los demás, solo la protegiste porque... — sonrió maliciosamente — un sentimiento tan inocente, tan puro... sin una caricia ni un beso jajaja — hacia Piccolo — su gran amor, eran la pareja perfecta, si no fuera por un simple accidente solo hubieran sido amigos toda su vida — se alejo caminando lentamente de ellos — además ya no quiere verte, le creyó a una extraña más que a ti.

— No me interesa que no me crea, aunque nunca más quiera saber de mí, la rescataré de tus garras.

— Jajaja, ni siquiera puedes moverte. Briseida — se acercó la sirvienta — despierta a mi "amorcito", quiero que sea testigo de su desaparición, verán que son menos que nada para ella.

La sirvienta le tomó la frente a la mujer alada, quien se levantó mirando confundida a todos lados.

— Amor, acabaré con estos intrusos y podremos seguir con la ceremonia — le dijo tierno Hades.

Se volvió y lanzó un ataque contra los caídos, que fue detenido por la medio demonio.

— ¿¿Qué diablos está pasando?? Cómo te atreves a atacar a mi hijo y a...

— RECUERDAS TODO — se volvió a Adelphos furioso — me desobedeciste — le lanzo un rayo, pero su hermana que estaba a su lado lo protegió con su cuerpo, ambos cerraron los ojos, pero nada ocurrió, cuando los abrieron estaban cubiertos con un campo de fuerza que proyectaba Izbet — ¿Proteges a la amante de tu pareja?

— No sé qué pasa, pero no dejare que les hagas daño, está protegiendo a un niño.

— Qué fastidio, quería que fueras mi esposa, pero en vista de esto tendré que destruirte.

— ¿Tú qué...? ¿Quién te crees que eres...? Galán de telenovela barata — desplegó sus alas y le tiro un rayo.

Uno de sus sirvientes lo protegió con un campo, mientras varios más la atacaban de distintos ángulos, al principio los detiene, pero pronto le dieron directo, haciéndola cae como un ave herida, todavía estaba débil por haber evitado que le borrarán la memoria, al tocar tierra sus alas desaparecieron.

— Ahora en vez de una boda serán varios funerales los que habrán — apuntó a la mujer inconsciente — desaparézcanla primero.

Pero antes que puedan hacer algo se escuchó un rugido que hizo estremecer el lugar, todos miraron a los caídos, Piccolo, con la ropa destrozada se levantó, atrás de él estaba Yun, el último en erguirse fue Kaio Shin, todos con una mirada de furia.

— YA BASTA – grito con todas sus fuerzas el namek, en sus cuerpos aparecieron armaduras doradas, sus heridas desaparecieron, sus fuerzas estaban renovadas, Kaio Shin se hincó, el padre y el hijo se pararon a cada lado del joven dios, y lanzaron sus ataques combinados, pero ahora tenían un brillo como el sol que destruyó a los servidores, y dejó a muy mal traer a Hades. Cuando iban a volver a atacar, aparecieron Lilith y su amiga.

— Tomen a la mujer y vámonos — ordenó la rubia.

— Rápido, esto se pondrá muy feo, dejemos que arreglen las cosas en familia — explicó escuetamente la pelirroja.

El namek tomó a su mujer para irse con el grupo, Briseida venía corriendo con su hermano de la mano.

— Por favor, llévenselo, protéjanlo — les rogó la mujer del pelo largo.

— No me iré sin ti —reclamó el niño.

— Harás lo que yo diga — los miró implorando — por favor.

— Vengan los dos — ordenó Piccolo

Antes de que el grupo se teletransporte, alcanzaron a ver a un hombre que llegaba en un carro dorado, de dos metros y medio, con pelo y barba blanca, el rey de los dioses, a quien Hades miró con terror.

— Que... que... querido suegro...

En casa del dios del amor.

— ¿Qué nos pasó? — preguntó Yun al ver sus vestimentas doradas.

— Cuando se fueron Psique me pidió que le contará porque iban al inframundo, no quería porque no sabía cómo reaccionaría, pero cuando le dije, me llevó a pedir audiencia con Zeus. Luego de mucho esperar pude decirle todo, como suponen no me creyó así que usó sus poderes para ver qué pasaba con Hades, vimos cuando hablaba con ustedes, y quiso desaparecer a Izbet, así que mando esas armaduras para protegerlos — explicó Lilith.

— Quienes las usan se vuelve invulnerables a cualquier ataque y tienen energía ilimitada — puntualizó la rubia.

— ¿Por qué Hades le dijo suegro a Zeus?

— Él está casado con Perséfone, su hija — señaló la dueña de casa.

— ¿Entonces... mamá? ¿Pueden tener varias? — pregunto confundido el joven.

— Los dioses tienen permitido además de su esposa principal, tener una secundaria, para eso quería a la mujer alada, pero ella debía aceptar por su voluntad. Además la madre de Perséfone es muy apegada con su hija, para permitirle casarse exigió que su futuro marido le permitiera pasar seis meses en Olimpo con ella, y no tomaría una esposa secundaria, Hades lo prometió, pero decidió romper su palabra, busco en varios mundos, hasta que la eligió, es difícil encontrar un ser mitad ángel, mitad demonio — Briseida apuntó a Izbet que siguió desmayada.

— Ahora él debe explicarle a Zeus porque fue a su universo, lo que está prohibido, además de que rompió su palabra, y pretendía obligar a su amiga a estar con él — sentenció Psique.

— ¿Qué haría con Izbet cuando estuviera Perséfone en el Palacio? — preguntó Piccolo.

— Yo tenía que dormirla ese tiempo — contestó la mujer del pelo largo.

— Gracias por su ayuda Psique, nos vamos — se despidió el namek.

— Tenemos que esperar, Zeus quiere conversar con nosotros — les dijo la pelirroja.

Mientras esperaban al Rey de los dioses y las mujeres cuidaban a Izbet, Piccolo se acerca a Kaio Shin que está en un rincón alejado pensando.

— Quería preguntarte qué quiso decir Zeus con eso de "un sentimiento tan inocente, tan puro, ni una caricia ni un beso" — lo miro serio.

— Recuerda cuando conversé con usted que estaba confundido con mis sentimientos — el dios tomó valor — la primera persona de la que le comenté que estuve enamorado, era Izbet... cuando ella estuvo con amnesia yo... le di... un beso — cerró los ojos temiendo la reacción del namek, como no pasaba nada los abrio, el otro lo miraba fijamente.

— Cuéntamelo todo, con lujo de detalles — no le ocultó nada, incluso que le dijeron que se la llevará al Planeta Sagrado, pero por el bien de ella decidió olvidar los sentimientos que le inspiraba, al terminar ambos quedaron silenciosos — agradezco que no aprovechaste de llevártela como te sugirieron, sino su memoria nunca hubiera regresado — lo miró inquisitivamente — ¿No hay nada más que deba saber?

— Nada más, lo juro.

— Solo te daré un consejo — se acerco al joven dios y le tomó el hombro — es mejor que Lilith también sepa todo esto.

— Se lo conté todo apenas empezamos nuestra relación — sonrojado — y ahora también lo de Aracne... no dejaré que ningún malentendido nos vuelva a separar.

— Haces bien — le sonrió de lado.

En ese momento la medio demonio despertó.

— ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? — estaba muy confundida.

— En la casa de Eros, mi esposo, en Olimpo.

— ¿Por qué visto así? — dijo al ver su vestido blanco — y ellos que hacen acá — apuntó a Piccolo y Briseida, se levantó e hizo ademán de irse furiosa.

— Espera — la pelirroja la tomó firme del brazo — ahora me vas a escuchar, ven — conversaron alejadas del grupo, luego llamó a Kaio Shin, y más tarde a Briseida para que contaran su parte de la historia.

Izbet cada vez miraba más avergonzada a Piccolo, hasta que tomó ánimo, y llegó a su lado con la cabeza baja.

— No sé como... o si encontrarás en tu corazón el perdón para mí... si no hubiera creído lo que pensé que vi, esto no hubiera pasado. Briseida me contó que solo simuló estar contigo, ella y tú nunca... — lo abrazó — de solo recordarlo me duele el corazón.

— Debes recordar siempre que nunca podría estar con otra mujer — le levantó la cabeza para que lo mirará a los ojos — tú eres y serás por siempre el único amor de mi vida. Aunque pasen siglos mis sentimientos siempre serán los mismos hacía ti... para demostrártelo... ya una vez te lo pedí y me dijiste que no... ¿Quieres casarte conmigo?

— SI, QUIERO — respondió gritando alegre, mientras se abrazaban.

— ¿Podrías ser quien oficie el matrimonio? — le pidió el namek a Kaio Shin.

— Mmmm... todo depende de lo que me responda Lilith — respondió.

— ¿Yo? ¿A qué?

— ¿Quieres concederme el honor de unir tu vida a la mía? — le preguntó el joven dios a Lilith, incluso se hinco frente a ella y le tomó una mano.

Cuando vieron la mirada de confusión de ella todos le gritaron QUIERE QUE TE CASES CON ÉL.

— Acepto — respondió contenta y nerviosa, él se levanto para besarla, ella se agacho un poco.

— ¿Quién oficiará la ceremonia ahora? — se preocupó Izbet.

— Creo que tengo la solución — dijo feliz el joven dios.

— Lilith ¿Le avisarás a tu padre para que te entregue? — preguntó la medio demonio.

— No, ni a él ni a mi madre, ellos nunca se preocuparon por mí, en ese sentido ustedes han sido más familia que ellos. Iré sola al altar.

— ¿Y si le pido a papá que nos entregue a las dos?

— No creo que sea apropiado, recuerda que fue mi novio.

— Se lo pediré a mi Honorable Antepasado, o a Kibito ¿Te parece?

En ese momento llegó el Rey de los dioses.

— Quiero darles mis disculpas por el proceder de mi yerno... cuando se casó con mi niña prometió que nunca la haría sufrir, y aunque es... retorcido... es el hombre que ama mi hija.

— ¿Qué pasará con él ahora? — preguntó Izbet.

— Ya no lo perderé de vista, sabe que lo que haga yo lo sabré y no se arriesgará a despertar mi ira de nuevo — miró serio a Adelphos y su hermana — ustedes acérquense, supe que ayudaron a mi yerno en todo esto.

— Señor, si me permite, ella fue obligada con amenazas hacia el niño — argumento en su favor Kaio Shin.

— Tú debes volver al Palacio de Hades — ordeno el Rey de los dioses a Briseida.

— ¿Y mi hermano?

— Se irá a Olimpo conmigo, tiene un gran poder, así que será mejor que quede a mi cuidado para siempre.

— Acepto mi destino — le sonrió feliz al niño — hermano, te salvarás.

— Pero tú... — tenía miedo del castigo que le daría el dios del inframundo.

— Si estás bien, lo demás no importa.

— Serás mi representante en el inframundo, si te pasa algo, Hades deberá responder ante mí, y está vez no seré tan suave — le explico el hombre del pelo cano a la hermana del pequeño.

Ella pensaba que iría a recibir la furia de Hades por lo que ocurrió, pero ahora será la vigilante de su ex amo.

— Gracias mi Señor — se hinco ante el dios, y le beso la mano.

— Una vez al mes deberás venir a Olimpo a dar tu informe personalmente, y podrás quedarte en mi palacio donde estará tu hermano, como te dije será mi protegido de ahora en adelante — se acerco a la mujer del mechón blanco — lamento lo ocurrido, sé que quisieras que él fuera castigado más duramente, pero te pido que me entiendas.

Izbet recordó cuando fue la primera vez a Namek, aprendió que no debe cuestionar las costumbres de los demás, si ellos tienen dos esposas, ella no lo cuestionará.

— Está bien — le dijo a Zeus — si desde ahora se asegura que lo que pasó conmigo no vuelva a suceder, ni que entre en nuestro mundo de nuevo, perdono lo ocurrido, además, por eso ahora me casaré — parecía una niña de lo feliz que estaba.

— Felicidades, algo escuche cuando llegaba — hacia Lilith — ¿Dijiste que no tienes quien te entregue?

— Así es, Señor — respondió ella.

— Si no te molesta, para mí sería un honor llevarte al altar.

— Se lo agradecemos mucho, y claro que aceptamos — su novio rio contento porque al final todo se arregló.

Devolvieron las armaduras y fueron a preparar todo para el doble enlace.

El día de la ceremonia en el infierno se les permitió a Yun, Bet y su pequeño asistir, además de los padres de Izbet; por los otros novios están, además del Anciano Kaio Shin y Kibito, Eros y su esposa.

Preparado para unir a las parejas, avergonzado y nervioso, con un traje y corbata oscuras, y camisa blanca estaba Emma Daio.

Cuando empezó a sonar la marcha nupcial, aparecieron las novias en el pasillo con quienes las acompañarían al altar, a cada lado del camino estaban los ogros que en ese momento levantaron sus garrotes formando un arco. Lilith traía un vestido rojo, manga corta, cuya falda por delante le llegaba a la rodilla, y por atrás al tobillo; Izbet en cambio llevaba un vestido largo, mangas ajustadas, de color negro, la única concesión que ellas hicieron a lo tradicional fue el velo blanco.

Cuando las dejaron en el altar Kaio Shin le entregó a su novia un ramo de rosas rojas, en cambio el namekusejin le dio a la medio demonio uno que se le hizo conocido, no de vista sino de tacto.

— Recuerdas — le susurro al oído el namek — "seguro que algo se nos ocurrirá".

— Es el del matrimonio de nuestras amigas del Sex Shop — dijo alegre la medio demonio.

— Lo guardé desde entonces, nunca perdí la esperanza que me aceptarías.

— Queri... — carraspeo para aclarar la voz Emma Daio — queridos hermanos, nos hemos reunido hoy para unir a estas parejas... — ya casi al terminar la ceremonia — tomen los anillos — se acerco el hijo de Yun con el almohadón con las argollas, incómodo porque lo obligaron a vestirse con traje y cada mujer que pasaba a su lado le pellizca las mejillas y le revolvia el pelo, al rato acabo todo con el consabido ahora pueden besar a sus novias.

Mientras estaban en la fiesta, el namek y su esposa veían a sus amigos y familiares reunidos, todos felices.

— Quien diría todo lo que hemos pasado juntos... cuando nos presentaron nadie lo habría adivinado — dijo meditando Piccolo.

— Todo lo que un deseo qué pensaste que era un desastre para ti pudo lograr — lo miro a los ojos — te amo.

— Y yo a ti, mi demonio.

FIN

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