Ángel Ciego 10. Batalla contra Medusa

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Izbet46
Terrícola
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Ángel Ciego 10. Batalla contra Medusa

Mensaje por Izbet46 » Mar Sep 03, 2019 3:06 pm

En el infierno apareció Kaio Shin , bastante agitado, y con parte de su ropa destrozada.
— ¿Qué te pasó? — pregunta preocupada Izbet.
— Necesito su ayuda, una de las Góngora, Medusa , apareció en un planeta donde vive un amigo mío, logro pedirme ayuda antes que lo convirtiera en piedra. Fuimos con Kibito, pensé que podría vencerla sin ayuda, me cubrí los ojos pero rompió la venda... él se puso delante de mí para salvarme... al mirarla a los ojos convierte en piedra a las personas... tuve que escapar... entonces me acorde de usted.
— ¿Quieres que la mate? — porque yo se pregunta la mujer.
— Sólo al cortándole la cabeza, quienes convirtió en estatuas volverán a la vida.
— ¿Cómo con Dabura y Braca? — consulta Piccolo.
— Exacto, Dabura era primo de Medusa. Como usted hasta hace poco era ciega, lucha bien sin ver. Es mi última esperanza.
— ¿Tienes espadas? — pide la medio demonio.
— Estas cortas.
— Me servirán — las toma sopesandolas
— ¿Vas a ir con él? — si es así no ira sola piensa el namekuseijin.
— Por supuesto. A Kaio Shin le debo mucho, no lo voy a dejar solo en este problema.
— Los acompañaré — afirma el hombre de piel verde.
— Mejor quédate — para no darle tiempo a decir nada mas — vamos Shin — pero cuando se teletransportan el guerrero alcanza a tomarle la mano a la mujer.
Cuando llegaron al planeta
— Te dije que vendría sola — le recrimina Izbet a Piccolo al verlo a su lado.
— No dije que me quedaría.
— Cuidado, nos puede escuchar Medusa — previene el ser supremo así que se ocultan en un edificio.
— Mantén los ojos cerrados siempre — le aconseja el namekuseijin.
— Eso haré, prométeme que pase lo que pase no saldrás de acá, tampoco tú, Shin . Volveré pronto — se despide con un beso de su pareja.
Salio a terreno despejado, e incremento su ki para llamar la atención de la gongora.
— Así que todavía queda alguien vivo ¿Sólo cierras los ojos? No te servirá de nada, no podrás luchar sin ver.
— ¿Eso crees? — la mujer del mechón blanco sonríe diabólica — mejor cuida tu cabeza.
La pelea iba pareja, pero la medio demonio inconscientemente trataba de llevarla lejos de donde estaban los demás ocultos, Medusa se dio cuenta y se dirigió al suelo para ver que estaba protegiendo. Izbet se puso demasiado cerca para detenerla, y algunas serpientes de la cabeza de su contrincante le sujetaron las manos, la Góngora aprovechó para tratar de abrirle los ojos. El namekuseijin al ver lo que pasaba, salió de su escondite para distraer a la de las serpientes en la cabeza y darle tiempo a su mujer para que pudiera soltarse, cubrió su cara con su capa, pero lamentablemente en un descuido la miró a los ojos, y fue convertido en piedra.
— ¡¡¡NOOOOO!!! — grita desesperada Izbet.
— Ahora es tu turno — sonríe la monstruo.
— Pensaba matarte rápido, AHORA TE HARÉ SUFRIR — un halo oscuro aparece alrededor del cuerpo de la medio demonio.
La mantuvo a raya golpeándola con sus piernas, mientras con las espadas cortaba uno a uno los reptiles de su cabello, al ver su derrota cerca Medusa trató de escapar volando, la medio demonio se puso adelante, cruzó las espadas y le cercenó la cabeza, ahora el cuerpo de la Góngora era de piedra, y los que eran estatuas volvieron a la vida, desde los primeros que fueron convertidos al último. Pero el cuerpo iba a caer sobre su pareja, la mujer abrió los ojos y se dio cuenta lo que iba a pasar, y que no alcanzaría a cambiar a tiempo, así que voló lo más rápido que pudo hacia él, lo único que repetía era DEBO SALVAR LA CABEZA, DEBO SALVAR LA CABEZA. Recordó que cuando Dabura transformó a Krilin y Piccolo, Goten y Trunks rompieron la estatua que era el namekuseijin, pero se salvó intacta la cabeza, por lo que luego pudo regenerar todo su cuerpo. Alcanzo a llegar justo para cubrir la parte superior del namekuseijin con su propio cuerpo, y recibió todo el golpe en la cabeza, la estatua que ahora era el guerrero de piel verde perdió sólo parte de las piernas y los brazos, cuando por fin volvió a ser normal, generó estas partes y su ropa. Izbet estaba inconsciente en los brazos del dios.
— ¿Qué le pasó? — la toma él en sus brazos.
— Vio que la gongora convertida en piedra iba a caer sobre usted, y lo protegió con su cuerpo, el golpe fue brutal.
Los habitantes del lugar ya estaban con vida, el amigo del Kaio Shin fue a agradecerles su ayuda, éste le contó lo sucedido así que la llevaron a un Hospital.
— En cualquier momento despertará — Kaio Shin le avisa al namekuseijin para que no este tan desesperado.
— Pero porque demora tanto.
La mujer por fin empezó a abrir los ojos, al ver al guerrero de piel verde gritó del susto, y se abrazo al cuello del dios.
— ALÉJESE DE MI... ¿Dónde estoy? Me duele — se toma la cabeza con gesto de dolor.
Piccolo trató de sujetarle una mano.
— NO SE ME ACERQUE.
— ¿Se siente bien Izbet? — le pregunta a la mujer el ser supremo.
— ¿Quién es Izbet?
— Es usted, no se acuerda.
— La verdad no me acuerdo de nada.
— Recibió un golpe, debe ser eso — conjetura Kaio Shin.
— Volvamos a casa para que descanses — por fin habla Piccolo, le afectó mucho el miedo que vio en los ojos de la mujer ahora que despertó.
— Con usted ni a misa... ¿Por qué me trata con tanta familiaridad? — se arrincona en la cama la medio demonio.
— Eres mi mujer.
— ¿Su mujer...? — debe estar mintiéndome, está segura.
— Es verdad — le confirma el joven dios.
— No lo recuerdo.
— ¿Te sientes mejor? — al tratar de acercarse nuevamente el namekuseijin fue rechazado.
— Por favor, déjeme sola — en sus ojos él ve terror.
— Dejemos que descanse hasta mañana — le recomienda Kaio Shin al hombre de piel verde.
— Esta bien.
En el planeta intentaron que recuperará la memoria sin resultados, los médicos aconsejaron que fueran a un ambiente conocido, pero en el infierno tampoco logró recordar nada. Como le temía al guerrero de piel verde, le pidió a Kaio Shin que se quedara con ellos, aunque de no muy buena gana Piccolo acepto. El dios, siguiendo los consejos de los especialistas del planeta que la revisaron de nuevo, la llevó al paraíso a visitar a sus padres, y al otro día a donde su hijo, pero tampoco funcionó.
— En la Tierra Yun me dijo que con el tiempo puede recordar todo, tal vez una palabra, una imagen, un objeto, cualquier cosa de su pasado puede ser la clave para que vuelva a ser ella — le dice para darle ánimo.
— ¿Cuánto demorará? — el namekuseijin espera que no sea mucho.
— Nadie lo sabe, sólo hay que tener paciencia.
— Tal vez nunca recuerde su vida anterior, ni a mí.
— Su hijo sugirió que los lleve a los lugares donde estuvieron juntos en la Tierra, ya hable con Enma Daio, todo está arreglado.
— ¿Todavía me teme?
— Sí. Sólo acepto ir si yo los acompaño, espero no le moleste.
— Está bien — acepta bastante fastidiado.
Los tres se quedaron en la cabaña. A la semana.
— Segura que no recuerda nada — pregunta el dios.
— Sólo unas extrañas sensaciones, al ver meditar al que dice que soy su mujer tuve una visión, creo que estaba luchando contra él, en un lugar oscuro, tal vez éramos enemigos.
— Nada de eso, lo que pasa es que ustedes entrenaban juntos.
— Todavía no creo que sepa luchar.
— Es una gran guerrera.
— No creo poder dar ni una patada.
— Debería intentarlo, así puede estimular su memoria.
El dios empezó a practicar con Piccolo , y de a poco empezó a unirse Izbet.
— ¿Cómo se siente ahora? — le consulta unos días después de nuevo Kaio Shin.
— Muy bien, no hay mejor sensación que el cansancio luego de una buena pelea, pero todavía no recuerdo nada.
— ¿Todavía le tiene miedo al Sr. Piccolo?
— Algo, la forma en que me mira me pone nerviosa, es como si quisiera leer mi mente.
— Mmm... voy a ir al Planeta Sagrado, quiero conversar con mi honorable antepasado a ver si puede ayudarme con alguna idea.
— ¿Demorarás mucho en volver? — hay algo de temor en la voz de la mujer.
— No lo sé, pero tranquila, él la cuidará bien, no debe temerle.
— Bueno, nos vemos.
En el Planeta Sagrado.
— Por fin te dejas ver ¿Cómo está la mujer? — pregunta el anciano Kaio Shin.
— Todavía no recupera la memoria, no sé qué más hacer para ayudarla ¿Podría darme alguna idea?
— Conquístala — le recomienda la mar de tranquilo.
— ¿Qué dice? Ella ama al Sr. Piccolo.
— Corrección, lo amaba. Todos nos dimos cuenta desde que te conoció que te tiene un cariño especial, incluso ese tipo lo siente, por eso no le gusta que ustedes estén juntos.
— No podría aprovecharme de su estado — razona el joven dios.
— Eres un necio, ella podría llegar a amarte. Si la traes a vivir acá, no hay forma que pueda recordar su vida anterior, seria un nuevo inicio para ambos.
— No debo, si ella recupera la memoria me odiará — dice luego de un momento de silencio.
— ¿Y si nunca lo hace? Arriésgate, tal vez no seas el final de su hilo rojo, pero muchos que no lo son viven juntos, y hacen una vida plena.
— ¿Y si nunca me ama como yo a ella? — pregunta melancólico.
— Al principio no, pero quien sabe en el futuro, piénsalo.
— Con todo respeto, Señor — dice Kibito — disculpe mi intromisión, yo sé cuánto la quiere, creo que él tiene razón, debería intentarlo.
— Lo pensaré.
Se quedo unos días para meditar que debía hacer, su mente le decía que su antepasado tenía razón, pero su corazón insistía que no debía engañar a la mujer que amaba.
— Me voy a la Tierra — dice luego de tres días.
— ¿Tomaste una decisión? — quiere saber el anciano.
— Todavía no.
— ¿Lo acompaño Señor? — se ofrece Kibito.
— No, prefiero ir solo.
— Señor, no ha pensado que si decide enamorarla y ese tipo se da cuenta, puede reaccionar violentamente.
— No se preocupen, estaré bien.
Cuando volvió a la Tierra, la pareja estaba en la casa frente al mar, cerca de Florida, cuando apareció vio que ambos estaban muy cerca, al parecer mirando fotografías, la mujer saludo algo nerviosa a Kaio Shin, y se fue rápidamente a nadar, Piccolo se acomodó en posición de meditación en la terraza de la casa.
— ¿Cómo te fue?
— Mal, mi honorable antepasado no pudo ayudarme — se sienta a su lado, abrazando sus rodillas.
— Es irónico que tuvo que perder la memoria para poder disfrutar así del mar, antes nunca hubiera nadado en la parte honda — ambos la miran por un rato, hasta que la mujer sale del mar riendo.
— El agua está deliciosa, vengan a nadar.
— No, gracias — responde el namekuseijin.
— ¿Y tú?
— No tengo ropa adecuada — se excusa el dios.
— Ese no es problema, encontré varios trajes de baño de varón en la casa, alguno debe quedarte bueno, creo que eran de mi hijo.
— En ese caso me cambio enseguida. Con su permiso, Sr. Piccolo — va a la casa.
En el mar la mujer y el dios nadaban, competían, conversaban y se reían, Piccolo estaba cada vez más molesto y celoso.
— ¿Y cómo la pasó en el tiempo qué no estuve? — está curioso Kaio Shin.
— Bien, nunca pensé que él fuera tan conversador, normalmente está muy callado, me mostró algunas fotografías, y me contó varias anécdotas, aunque todavía me molesta su manera de mirarme. Tenías razón, no debía temer nada de él. Quería pedirte que nos dejes solos por un tiempo ¿Se puede? — se le nota contenta.
— Por supuesto. Entonces me voy — le duele el corazón al escuchar eso.
— ¿Podría ser mañana en la noche? Quisiera seguir nadando en compañía de alguien — señala al hombre de piel verde — no creo que él me acompañe cuando estemos solos.
— Bueno — le da una sonrisa forzada.
Al anochecer salieron del mar e hicieron una fogata, todavía el guerrero seguía en la misma posición, ahora con los ojos cerrados, como creían que estaba meditando o durmiendo, no le hablaron para no molestarlo. Pero en realidad él estaba recordando cada momento de los días que estuvieron solos con Izbet; una noche conversaron a la luz de la luna hasta muy tarde, ella se quedó dormida afirmada en él, así que la fue a dejar a su habitación, por un momento el namekuseijin recordó lo que vivieron entre esas paredes y estuvo tentado de quedarse a su lado en la cama, pero cómo todavía ella no recordaba lo que sentía por él prefirió irse. Al otro día mientras miraban las fotografías, estuvieron tan cerca, sintió su suave aroma, estuvieron en silencio un rato, luego se miraron a los ojos, estuvieron tan cerca de besarse, pero para su mala suerte justo en ese momento llegó Kaio Shin. Pasó la noche allí mientras el dios y la mujer fueron a sus respectivas habitaciones a dormir. En la mañana temprano vieron que todavía estaba en la misma posición que la noche anterior, así que decidieron no molestarlo. Se pusieron de nuevo trajes de baño y entraron al mar, al medio día salieron conversando y riendo, Piccolo estuvo meditando lo que le dijo el joven dios que podrían ayudarle a recuperar la memoria a Izbet, cuando ella pasó a su lado Piccolo se levantó, le tomó el rostro con las manos a la mujer que lo miró sorprendida, y la besó, al principio ella se resistió, para quedar totalmente quieta, el guerrero pensó que era porque recuperó la memoria, pero cuando se separó y abrió los ojos tuvo el tiempo justo para detener una patada en la entrepierna, pero no logra evitar una cachetada, los ojos de la medio demonio estaban negros, y desplegó sus alas por primera vez desde que tenía amnesia.
— ¿Quién te has creído qué eres? — está indignada — nadie me besa sin mi consentimiento ¿Ahora tengo alas negras?
— Es porque estás furiosa — le explica el guerrero.
— ¿Y cómo quieres qué esté? Eres un sinvergüenza.
— Quería que recordarás lo que sentías por mí.
— Disculpe, pero esa no era la manera — media Kaio Shin.
— No te metas en esto — mira al dios con rabia — a pesar de lo que sientes por ella, debes entender que fue y siempre será sólo mía.
— ¿Pero qué dice?
— En qué momento me convertí en un mueble, para que le pertenezca a alguien — pregunta la mujer molesta.
— Ya no puedo seguir viéndolos juntos todo el día, tú eres MI mujer, no de él — la encara el namekuseijin.
— ERA tu mujer, ahora sólo eres alguien que me cuenta de mi pasado, a quien no recuerdo, como a todos los demás. No sé cómo pude estar contigo, eres un loco celoso... ayer los invite a ambos a nadar, tú no quisiste, él sí... y pensar que le pedí a Shin que nos dej... no sé si antes aceptaba o no esa manera de ser tuya, pero ahora me enfurece que me celes de esta manera... — se dirige al dios — puedes llevarme lejos, no quiero verlo.
— Esperen... — está nervioso porque ve que la discusión subió mucho de nivel.
— No soy ciego... andas para todos lados con él, incluso en vez de venir solos los dos, le pediste que nos acompañará.
— Eso no te da derecho a que me trates de esta manera — le da otra cachetada — no te entra en la cabeza que no recuerdo nada, ustedes fueron los primeros que vi cuando desperté, y que saben quién soy... o fui... él fue amable conmigo desde el primer momento, por eso me siento cómoda a su lado, en cambio tú siempre con esos gestos posesivos hacía mí, me dabas miedo, pero ya no. Por favor Shin, quiero irme.
— No te preocupes, soy yo quien está sobrando, me voy al infierno de donde nunca debí salir — dice lentamente el guerrero de piel verde.
— Adiós — le responde la mujer en el mismo tono.
Antes de irse con el dios, el namekuseijin le devolvió el anillo que ella le había dado hacía tiempo atrás, al llegar al infierno no le dijo nada a Kaio Shin, sólo se perdió en el paisaje oscuro. Pasados unos días, el dios todavía se sentía culpable por todo lo ocurrido.
"Si no hubiera ido por ella para que me ayudará con Medusa esto no habría pasado. Siempre sentí que el Sr. Piccolo tenía celos de mí, pero nunca pensé que llegarán a tanto".
Esa tarde la mujer nadaba en el mar, el dios prefirió quedarse en un roquerío meditando.
Ella pensó lo que ha pasado, analizando fríamente todo.
"Piccolo fue tan caballero conmigo mientras estuvimos solos, incluso esa noche que me dormí cuando conversábamos me llevó al cuarto, respeto que no recordaba nada, y me dejo sola, ahora que convivimos más me siento tan atraída hacia él, tan segura a su lado... quería que nos quedáramos a solas... ¿Y si nos hubiéramos alcanzado a besar, se hubiera sentido con más derechos sobre mí? No puedo aceptar que me trate así... no soy un objeto... pero debo reconocer que he pasado mucho tiempo con Shin, pensándolo con la cabeza fría estoy comprendiendo porque se puso así... desde que se fue hay un gran vacío en mi corazón... lo extraño tanto... Shin ¿Me ama? — mira hacia las rocas donde está — es muy buena persona, me divierto mucho a su lado... le tengo un gran cariño... pero no es amor, es muy distinto a lo que sentí ahora cuando estaba cerca de quien dice que es mi pareja, su corazón es tan cálido... esa forma de mostrarse seguro y frío, pero en el fondo es una persona muy dulce... porque tuvo que arruinarlo todo montando esa escena de celos... también soy muy impulsiva... si no le hubiera dado esas cachetadas... ¿Si le pido disculpas...? No creo que me perdone, estaba furioso... ¿Por qué me dolió tanto cuando me pasó ese anillo? Por fuera estaba seria, pero por dentro sentí que mi alma se partía... estuve a punto de rogarle que se quedará... me siento incompleta".
Cuando empezó a oscurecer, ella fue a sentarse al lado del dios a contemplar la puesta de sol, en un momento que ambos estaban en silencio, él la miró a los ojos, se le acercó lentamente, cada vez sus labios estaban más cerca, entrecerrando los ojos, la besó lenta y dulcemente.
— La amo — le dice mirándola a los ojos.
— Yo... te quiero mucho — le responde sonrojada.
— ¿Le gustó el beso?
— Sí, estuvo... bien.
En los ojos de ella no había esa chispa que le veía cuando besaba al namekuseijin antes de perder la memoria, incluso vio que aferraba con una mano el anillo que él le devolvió, que estaba colgado de una cadena en su cuello.
— Esto no es correcto.
— Disculpa, no quiero que te sientas mal, has sido tan bueno conmigo en este tiempo... no quise entristecerte con mi respuesta.
— Debo aceptar que con recuerdos o sin ellos usted siempre amará sólo al Sr. Piccolo.
— Y aunque sea así, lamentablemente todo terminó, fue muy duro conmigo ese día, y mi reacción... lo humille demasiado — se miran.
— Debe reconocer que hemos estado muy cercanos este tiempo, eso lo hizo reaccionar así.
— A pesar de eso, no debió hacerme esa escena de celos, ni menos tratarme como un objeto... debería entender que estoy tratando de recordar toda mi vida, y él con su forma de actuar no me ayuda en nada, me da la impresión que cree que yo no quiero recuperar la memoria. Esas son las cosas que me molestan de él, es orgulloso, llevado de sus ideas — se enoja cada momento más — no entiende que fue duro para mí cuando le regale está argolla, era el único recuerdo de mis padres que tenía, pero se lo di porque quería que entendiera lo importante que es para mí.
— ¿Eso se lo contó él?
— ¿Qué cosa?
— La historia del anillo.
— No lo recuerdo — se toca la cabeza.
— Vamos al infierno, debe conversar con él — por fin tomó una decisión.
— No va a querer hablarme, no me obligues — le toma las manos a Kaio Shin — mejor llévame contigo al Planeta Sagrado.
— Prometo que luego que conversen, si todavía quiere la llevaré al Planeta Sagrado conmigo.
— Lo intentaré ¿Puedes esperarme mientras trató de conversar con él?
— Bueno.
Al llegar al infierno el dios se quedó lejos para permitirles hablar tranquilos. El namekuseijin estaba sentado en posición de meditación mirando fotografías de ambos, no sintió que ella se le acercó por la espalda.
— JAJAJA — Piccolo se ríe de una manera extraña, ella se detiene, él empieza a hablar en voz alta con sí mismo, sin sentir la presencia de la del mechón blanco — debí saber que a un ser como yo nadie lo podría amar para siempre... ya no recuerdas lo que sentías por mí, ni tu promesa de estar juntos por la eternidad... me siento incompleto sin ti... reconozco que soy celoso, es algo que nunca he podido controlar totalmente... eres especial en todos los sentidos... en cambio los humanos huyen al verme, incluso tú ahora que despertaste sin memoria me tuviste miedo — hace una pausa para mirar al espacio, meditando — durante los días que no estuvo Kaio Shin te sentí cómoda a mi lado, estuvimos a centímetros de besarnos... por eso creí que si lo hacía podrías recordar todo, pero no sólo era juntar los labios, era el ambiente en lo que debí pensar... si hubiera esperado a que él estuviera durmiendo — se mira el dedo donde estaba la argolla — en ninguna batalla sentí un dolor tan grande como cuando te devolví el anillo, pero si no estamos juntos no tiene sentido que lo conserve.
Vuelva a mirar las fotografías melancolico.
— Desde que te conocí Izbet, cambiaste mi vida para siempre — saca de sus ropas un libro de poemas de Mario Benedetti — ahora entiendo cómo te sentías cuando me amabas sin esperanza que yo te correspondiera, esas frases que marcaste en el libro que me regalaste ahora me hacen tanto sentido.
"A la ausencia no hay quien se acostumbre. Otro sol no es tu sol aunque te alumbre..."
"Sé que soy un idiota al esperarte, pues sé que no vendrás..."
"Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón..."
"No te rindas, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento".
No te rendiste y acabaste entrando en mi alma... trate de destruir las fotografías... pero no pude... ahora sólo los recuerdos de lo que vivimos me queda — toma una de ella disfrazada de bailarina de Charleston.
— Este fin de semana que viene no vendré — le avisa la medio demonio al namekuseijin.
— Recién van dos semanas que volviste a tu vida normal y ya vas a dejar de entrenar — le reclama su maestro.
— Sólo será por ese día, hay una fiesta para celebrar Halloween, y que regrese de mi año sabático a la empresa, estaré todo el día ocupada... quería invitarte, será de disfraces con máscaras... ¿Me acompañas...?
— No, gracias.
— No tienes que ponerte nada más que tu ropa normal, te buscaré un antifaz sencillo...
— NO.
— Entonces nos vemos en dos semanas... Mr. Popó, Dende ¿Quieren ir?
— No, gracias — responden ambos.
Ese sábado Izbet uso un traje de bailarina de Charleston, la fiesta se desarrolló normal, ya cansada se sentó cerca de un balcón, un hombre vestido de príncipe se acercó a conversar con ella, todo era normal hasta que él le puso una mano en la rodilla, le dijo algunas cosas al oído y la miró con lujuria.
— No me interesa su ofrecimiento, por favor retire su mano.
— Vamos, la pasaremos bien — reitera el desconocido — no te arrepentirás linda, tengo contactos, si quieres un mejor trabajo, o dinero sólo dime cuánto.
— No insista o me veré en la necesidad...
— ¿De armar un escándalo...? No es de una dama.
— No necesito llegar a eso — toma con los dedos pulgar y anular la muñeca del tipo y aprieta un poco, el hombre retira la mano.
— Quien se cree que es, no sabe con quién está tratando, tengo influencias, como cree que entre a esta actividad sin ser un invitado.
— Es usted quien no sabe con quién habla, como bien dice esta fiesta es sólo para empleados del Conglomerado Heaven y sus familiares... — se quita la máscara, y deja ver sus ojos blancos — mi empresa... — inmediatamente el hombre desaparece entre las personas, la mujer busca a su amiga — Jenny, por favor llévame donde el Jefe de Seguridad — al llegar con él — Sr. Madariaga — le cuenta todo lo que pasó — quiero que revise los videos y averigüe quién es ese tipo, y cómo entró a este evento privado. No quiero que algo así vuelva a pasar en las siguientes actividades de la empresa.
— Lamento lo sucedido — se excusa el hombre — le doy mi palabra que no volverá a ocurrir.
— Eso espero. Por su bien.
El lunes siguiente el hombre desconocido fue a la empresa a disculparse con Izbet.
— Cuando te pregunte, sólo me contaste las anécdotas simpática, ni por asomo me dijiste lo que pasó con esa persona, siempre pensaste que fue por lo que hicieron los de seguridad que él te pidió disculpas, nunca te dije que cuando iba a buscar su automóvil luego de huir de la fiesta yo conversé con él — sonríe al recordar la cara de terror del tipo al verlo salir de las sombras del estacionamiento — cuando me contabas de tus actividades yo iba a esos lugares oculto en las penumbras, siempre cuide de ti, desde que te conocí me convertí en tu protector... luego me diste lo único que pensé no tener nunca, una familia propia... ahora soy... — baja la cabeza — fui... el guardián de...
— Guardián de mi c... — ella repitió, se tomó la cabeza y se desmayó, recién en ese momento Piccolo la percibe, antes que golpee en el suelo la toma en sus brazos, el dios se acercó también al ver lo que ocurrió.
— ¿Qué pasó? — pregunta preocupado Shin.
— No sé, no me di cuenta que estaba atrás mío ¿Qué hacen en el infierno? Ella no quería verme nunca más — el namekuseijin lo miró molesto.
— Yo le pedí que viniera a conversar con usted, hoy mientras hablábamos se molestó e inconscientemente dijo cosas del pasado, creo que su memoria está volviendo — explica el joven.
— Pero si estás interesado en ella para que la trajiste — responde celoso.
— Eso no es verdad — en el momento que decidió llevarla al infierno enterró en el fondo de su corazón su amor por ella — la quiero como una amiga — le sostiene la mirada — el día de la pelea, yo iba a volver al Planeta Sagrado porque ella se sentía tan cómoda con usted que quería que pasarán tiempo a solas — el namekuseijin lo mira asombrado.
La mujer empezó a despertar, al ver a Piccolo se alegro, lo besó y abrazo.
— Estás bien, pensé que te romperías con el peso de Medusa — mira a su alrededor — ¿Estamos de vuelta en el infierno?
El guerrero verde no entiende que estaba pasando.
— ¿Qué es lo último que recuerda? — consulta Kaio Shin.
— Maté a la Góngora y cuando se convirtió en piedra iba a caer sobre ti, volé para cubrirte... me duele la cabeza, supongo que me golpeó allí, lo bueno es que la tengo muy dura jajajaja, me alegra que estés bien, amor.
El namekuseijin y el dios intercambiaron una mirada de complicidad.
— Ya que se recuperó me retiró, iré a la Tierra y al paraíso a avisar la buena noticia.
— ¿Mis padres y Yun supieron que estaba inconsciente? Tanto tiempo pasó...
— Demasiado — suspira el namekuseijin, antes que se vaya Kaio Shin — gracias, y disculpa por todo.
— No se preocupe, lo entiendo — les sonríe — me alegro que estén bien, ambos — en su mente y corazón sabe que hizo lo correcto, los ojos de ella volvieron a tener ese brillo que le encanta — adiós — se va.
La medio demonio y Piccolo empezaron a ordenar las fotografías, a ella le extraño que estuvieran allí, pero él le dijo que se habían quedado botadas cuando fueron donde la gorgona, en eso la mujer notó que tenía el anillo colgado del cuello, miró al namekuseijin.
— ¿Qué pasa ahora?
— ¿Por qué tengo la argolla de nuevo conmigo?
— Cuando ibas a pelear con Medusa te la devolví para que te diera suerte.
— Eres tan tierno conmigo... la verdad no me acuerdo de eso... ese golpe fue muy fuerte... — de nuevo le pone el anillo en el dedo a Piccolo, cuando sigue ordenando encuentra el libro de poemas — no sabía que lo habías traído. Cuando empezamos nuestra relación te lo regale, con él lloré mucho creyendo que nunca me amarías como yo a ti — lo besa — soy tan feliz a tu lado, Guardián de mi Corazón.
FIN

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